Igual que los coches, que una partida de ajedrez, nuestras vidas giran en torno a ejes que marcan nuestro funcionamiento.
Hay personas que construyen su vida alrededor de un único eje, como por ejemplo Bobby Fischer (sonriendo en la foto), que lo hizo alrededor únicamente del ajedrez. Él fue un ejemplo claro de que cuando giramos solo en torno a una cosa, quizás seamos especialistas en ella, quizás hasta triunfemos en esa faceta (como Fischer) pero nuestra vida se queda huérfana y terminamos siendo profundamente infelices.
Y que no decir de cuando se nos rompe uno de esos ejes. Los ejes son nuestro sostén principal. Nuestra familia, nuestra pareja, nuestro trabajo, nuestras ideas sobre el bien y el mal... Cuando se quiebra uno de ellos, como en los vehículos o las máquinas, nos apoyamos en los otros hasta que podemos llegar al taller. Ya no funcionamos igual, y tenemos que reconstruir o buscar un nuevo eje, similar o diferente, para que nuestra vida siga "en marcha".
Los mecánicos saben que cuando un eje se parte, es casi imposible repararlo, y si se hace, queda mucho mas débil que antes. Eso si, si vemos síntomas de que ese eje se está deteriorando, es momento de parar y decidir si hay que cambiar o no.
Pero que difícil es darse cuenta de que uno de los ejes de nuestra vida está rompiéndose. No nos gusta mirar. Preferimos seguir como si nada y muchas veces forzamos, pensando que nada pasará, cuando siempre pasa. Siempre pasa.
Recuerdo que de chaval acudí al hotel Rey Don Jaime de Valencia a ver a Anatoli Karpov, que iba a dar una sesión de partidas simultaneas de ajedrez. Creo recordar que me firmó un autógrafo, que no conservo, pues algún tiempo después se rompió ese eje de mi vida y decidí tirarlo a la basura. Hoy trato de reconstruir aquel eje, o mas bien de fabricar uno nuevo a partir de los restos. Cuesta. Y no ayuda comparar el antiguo (que siempre recordamos mejor de lo que era) con el que nos sale de fábrica.
Siempre son diferentes. Siempre cambian.
miércoles, 3 de julio de 2013
miércoles, 26 de junio de 2013
Re
Pienso en esta entrada que empiezo a escribir, y no puedo evitar recordar la escena de la película Matrix; cuando el malvado Sr.Smith tiene agarrado por el cuello a Neo (Keanu Reeves), esperando a que el tren les atropelle, y le susurra aquello de: "¿Oye eso Sr. Anderson? Es el sonido de lo inevitable"...
Lo inevitable. Podemos huir de ello, podemos hacernos los tontos... pero lo que hay que hacer hay que hacerlo. Y en muchas ocasiones, además, va precedido de las letras "re".
Re inventarse
Re descubrir
Re hacerse
Re nacer
Re accionar
Re vivir
...
Que difícil es empezar de nuevo. Que costoso. Que pereza. Pero visto lo visto en este mundo en el que vivimos, es inevitable.
Reinventarse es algo que parece que teníamos olvidado, de los tiempos donde la vida no era tan cómoda, pero hoy, quien no se reinventa está abocado a la extinción...
Redescubrir hay que re-descubrirlo casi todo, desde esas pequeñas cosas que nos gustaba hacer, y que olvidamos a cambio de metas mas elevadas, hasta aquellos caminos que vimos pero esquivamos, porque nos daban miedo...
Rehacerse. Ante los golpes, las tragedias, las desdichas... hay que rehacerse si o si. Acabo de ver el último capítulo de la sexta temporada de MadMen y, como el protagonista, ante lo inesperado hay que decidir, rehacer-se y continuar...
Renacer. Sentir de nuevo, como el ave Fenix de nuestras cenizas construir de nuevo nuestra linea de vida...
Reaccionar. Pensar duele, y tomar decisiones mas aun, pero hay que activarse y ponerse en marcha. Ante lo que se pone por delante, moverse; las cosas no se solucionan solas...
Revivir. Ya no podemos ser lo que algún día fuimos, pero podemos aprender. Aprender de las derrotas, del dolor, de las heridas... revivir y recomenzar como en la película Apocalypto, cuando alguno de sus protagonistas busca un nuevo principio para su vida...
Y por último, el re mas importante y que a veces olvidamos en este mundo cibernético. Todo lo demás tiene que ver con ello, con lo que de verdad importa, lo que tenemos que descubrir para seguir adelante. Lo Real.
¿Que es real y que nos inventamos para huir?
Lo inevitable. Podemos huir de ello, podemos hacernos los tontos... pero lo que hay que hacer hay que hacerlo. Y en muchas ocasiones, además, va precedido de las letras "re".
Re inventarse
Re descubrir
Re hacerse
Re nacer
Re accionar
Re vivir
...
Que difícil es empezar de nuevo. Que costoso. Que pereza. Pero visto lo visto en este mundo en el que vivimos, es inevitable.
Reinventarse es algo que parece que teníamos olvidado, de los tiempos donde la vida no era tan cómoda, pero hoy, quien no se reinventa está abocado a la extinción...
Redescubrir hay que re-descubrirlo casi todo, desde esas pequeñas cosas que nos gustaba hacer, y que olvidamos a cambio de metas mas elevadas, hasta aquellos caminos que vimos pero esquivamos, porque nos daban miedo...
Rehacerse. Ante los golpes, las tragedias, las desdichas... hay que rehacerse si o si. Acabo de ver el último capítulo de la sexta temporada de MadMen y, como el protagonista, ante lo inesperado hay que decidir, rehacer-se y continuar...
Renacer. Sentir de nuevo, como el ave Fenix de nuestras cenizas construir de nuevo nuestra linea de vida...
Reaccionar. Pensar duele, y tomar decisiones mas aun, pero hay que activarse y ponerse en marcha. Ante lo que se pone por delante, moverse; las cosas no se solucionan solas...
Revivir. Ya no podemos ser lo que algún día fuimos, pero podemos aprender. Aprender de las derrotas, del dolor, de las heridas... revivir y recomenzar como en la película Apocalypto, cuando alguno de sus protagonistas busca un nuevo principio para su vida...
Y por último, el re mas importante y que a veces olvidamos en este mundo cibernético. Todo lo demás tiene que ver con ello, con lo que de verdad importa, lo que tenemos que descubrir para seguir adelante. Lo Real.
¿Que es real y que nos inventamos para huir?
miércoles, 19 de junio de 2013
Ausencias
Hay veces en las que nos invade la melancolía. Miramos atrás y recordamos.
Mi añorado personaje de Hugh Laurie, el doctor House, posiblemente me respondería a estas añoranzas con una de sus expresiones: "Eres idiota". Acompañando esta exclamación con un sin fin de motivos para vivir el presente, y tratando de hacerme ver que solo existe eso: El ahora.
Pero no podemos resistirnos. La vida pasa, las cosas y las personas desfilan ante nosotros, aparecen y desaparecen, y no podemos evitar echar la vista atrás y recordar. ¿Que recordamos?
Los psicólogos han descubierto hace mucho que nuestra mente entierra lo malo. Trata de olvidarlo para defenderse del dolor. No obstante nos asaltan pensamientos de tristeza, de momentos malos, de añoranzas o de dolores (sobre todo emocionales) que están ahí, aunque se vayan atenuando poco a poco.
Por otra parte, cuando a partir de cierta edad nos juntamos con los amigos, recordamos nuestras "batallitas" pasadas, nos reímos, bromeamos sobre los buenos momentos, y cuando hemos agotado y exprimido una de ellas, tratamos de buscar otras que prolonguen ese momento de felicidad colectiva.
La ausencia nos marca. De hecho, nos enseña. Decía el recientemente fallecido Manel Comas, ante el comentario de que afrontaba muy entero la enfermedad que terminó matándolo, que él ya había pasado lo peor que le podía pasar. Que eso no era nada. Y lo peor que le pasó fue la muerte de su hijo de 25 años en un accidente de carretera. La ausencia nos enseña lo que realmente es importante, en este caso un hijo.
Una manera de valorar lo que realmente nos importa y amamos frente a lo superfluo es medir el dolor de su ausencia. Amamos a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestra pareja, a nuestros seres queridos y a nuestros verdaderos amigos... ¿Y a que mas?
Pensar en la ausencia es un detector extraordinario. Sé por ejemplo que amo al ajedrez porque, nunca he podido dejar de sufrir cuando no estaba en mi vida. Me he alejado de él varias veces. Curiosamente, en mis peores momentos, estaba lejos, casi olvidado, ausente... Mientras no estuvo conmigo me consumí un poquito cada día que pasaba. En la foto, me veo y añoro. No ya mis 16 añitos de entonces, no. Esta foto es del que fue mi primer torneo serio de ajedrez. Nunca agradeceré bastante a los que me ayudaron entonces lo que disfruté...
Y así, tras múltiples reencuentros, lo tengo junto a mi, en el mejor momento de mi vida: ahora.
¿Y tu amable lector? ¿De que o de quien sentirías su ausencia? ¿Que amas realmente?
Mi añorado personaje de Hugh Laurie, el doctor House, posiblemente me respondería a estas añoranzas con una de sus expresiones: "Eres idiota". Acompañando esta exclamación con un sin fin de motivos para vivir el presente, y tratando de hacerme ver que solo existe eso: El ahora.
Pero no podemos resistirnos. La vida pasa, las cosas y las personas desfilan ante nosotros, aparecen y desaparecen, y no podemos evitar echar la vista atrás y recordar. ¿Que recordamos?
Los psicólogos han descubierto hace mucho que nuestra mente entierra lo malo. Trata de olvidarlo para defenderse del dolor. No obstante nos asaltan pensamientos de tristeza, de momentos malos, de añoranzas o de dolores (sobre todo emocionales) que están ahí, aunque se vayan atenuando poco a poco.
Por otra parte, cuando a partir de cierta edad nos juntamos con los amigos, recordamos nuestras "batallitas" pasadas, nos reímos, bromeamos sobre los buenos momentos, y cuando hemos agotado y exprimido una de ellas, tratamos de buscar otras que prolonguen ese momento de felicidad colectiva.
La ausencia nos marca. De hecho, nos enseña. Decía el recientemente fallecido Manel Comas, ante el comentario de que afrontaba muy entero la enfermedad que terminó matándolo, que él ya había pasado lo peor que le podía pasar. Que eso no era nada. Y lo peor que le pasó fue la muerte de su hijo de 25 años en un accidente de carretera. La ausencia nos enseña lo que realmente es importante, en este caso un hijo.
Pensar en la ausencia es un detector extraordinario. Sé por ejemplo que amo al ajedrez porque, nunca he podido dejar de sufrir cuando no estaba en mi vida. Me he alejado de él varias veces. Curiosamente, en mis peores momentos, estaba lejos, casi olvidado, ausente... Mientras no estuvo conmigo me consumí un poquito cada día que pasaba. En la foto, me veo y añoro. No ya mis 16 añitos de entonces, no. Esta foto es del que fue mi primer torneo serio de ajedrez. Nunca agradeceré bastante a los que me ayudaron entonces lo que disfruté...
Y así, tras múltiples reencuentros, lo tengo junto a mi, en el mejor momento de mi vida: ahora.
¿Y tu amable lector? ¿De que o de quien sentirías su ausencia? ¿Que amas realmente?
lunes, 3 de junio de 2013
Coach
Mi relación con la palabra coach es de amor-odio. Por una parte la palabra es chula: "coach", aunque nuestra traducción al castellano, "entrenador o preparador" tampoco suena mal. Pero, de un tiempo a esta parte, creo que se está abusando de ella. La culpa la tiene la moda del "coaching".
El coaching lo define Wikipedia como un método que consiste en dirigir, instruir y entrenar a una persona o a un grupo de ellas, con el objetivo de conseguir alguna meta o de desarrollar habilidades específicas. Vamos, un entrenador. Lo que sucede es que se está aplicando este término a cosas diferentes a las que estamos habituados.
El de la foto es Artur Yusúpov. Uno de los entrenadores (o coach) mas prestigiosos en ajedrez. En los años 80 compitió por ser el retador del campeón del mundo. Incluso en 1990 logró llegar a la final del torneo de candidatos, que perdió por la mínima. Su vida dio un vuelco ese mismo año.
Un dia de 1990, cuando volvía a su apartamento de Moscú, se topó con unos ladrones. Se desató un forcejeo y recibió un disparo en el vientre que casi le mata. Tras una larga convalecencia, decidió cambiar su domicilio a Alemania, donde vive y cuya nacionalidad terminó adoptando. Aunque siguió varios años mas en la élite del ajedrez mundial, poco a poco se fue dedicando a entrenar mas que a competir, junto a su propio entrenador Mark Dvoretsky.
Yusúpov, por lo tanto, es coach. Un coach de prestigio, de garantías. Sus métodos están probados, y él es un referente en su materia. El ajedrez.
Pero en estos tiempos proliferan otros tipos de "coach". Me he puesto en contacto con varias empresas de coaching meses atrás Todas tienen un denominador común. VENDEN. Venden cursos de coach, venden métodos de motivación... venden. No veo nada malo en vender lo que sea, pero veo una gran diferencia entre un entrenador especialista en su materia, y un "coach" que se vende. La principal diferencia de todo esto es la solvencia del maestro.
Y la solvencia no es tampoco garantía. Kasparov, sin duda uno de los mejores jugadores de la historia, también ha sido ocasionalmente entrenador. Lo fue de Nakamura (un Top Ten en la actualidad), lo fue también de Carlsen (en la imagen junto a él). Ambos le "despidieron".
Parece ser que "saber" no es sinónimo de "saber enseñar". Lo que habría dado yo en mi juventud por un buen entrenador (o coach) de ajedrez. Lo que daríamos todos por un buen guía, un buen consejero en los momentos difíciles. De eso se aprovechan algunos hoy. De los miedos que nos rodean y de la búsqueda de soluciones hechas.
Me viene a la memoria la canción "Oración" de Héroes del Silencio. Os la dejo. La letra nos lo dice: La decisión siempre es nuestra.
El coaching lo define Wikipedia como un método que consiste en dirigir, instruir y entrenar a una persona o a un grupo de ellas, con el objetivo de conseguir alguna meta o de desarrollar habilidades específicas. Vamos, un entrenador. Lo que sucede es que se está aplicando este término a cosas diferentes a las que estamos habituados.
El de la foto es Artur Yusúpov. Uno de los entrenadores (o coach) mas prestigiosos en ajedrez. En los años 80 compitió por ser el retador del campeón del mundo. Incluso en 1990 logró llegar a la final del torneo de candidatos, que perdió por la mínima. Su vida dio un vuelco ese mismo año.
Un dia de 1990, cuando volvía a su apartamento de Moscú, se topó con unos ladrones. Se desató un forcejeo y recibió un disparo en el vientre que casi le mata. Tras una larga convalecencia, decidió cambiar su domicilio a Alemania, donde vive y cuya nacionalidad terminó adoptando. Aunque siguió varios años mas en la élite del ajedrez mundial, poco a poco se fue dedicando a entrenar mas que a competir, junto a su propio entrenador Mark Dvoretsky.
Yusúpov, por lo tanto, es coach. Un coach de prestigio, de garantías. Sus métodos están probados, y él es un referente en su materia. El ajedrez.
Pero en estos tiempos proliferan otros tipos de "coach". Me he puesto en contacto con varias empresas de coaching meses atrás Todas tienen un denominador común. VENDEN. Venden cursos de coach, venden métodos de motivación... venden. No veo nada malo en vender lo que sea, pero veo una gran diferencia entre un entrenador especialista en su materia, y un "coach" que se vende. La principal diferencia de todo esto es la solvencia del maestro.
Y la solvencia no es tampoco garantía. Kasparov, sin duda uno de los mejores jugadores de la historia, también ha sido ocasionalmente entrenador. Lo fue de Nakamura (un Top Ten en la actualidad), lo fue también de Carlsen (en la imagen junto a él). Ambos le "despidieron".
Parece ser que "saber" no es sinónimo de "saber enseñar". Lo que habría dado yo en mi juventud por un buen entrenador (o coach) de ajedrez. Lo que daríamos todos por un buen guía, un buen consejero en los momentos difíciles. De eso se aprovechan algunos hoy. De los miedos que nos rodean y de la búsqueda de soluciones hechas.
Me viene a la memoria la canción "Oración" de Héroes del Silencio. Os la dejo. La letra nos lo dice: La decisión siempre es nuestra.
lunes, 13 de mayo de 2013
La derrota
He descubierto (y sufrido) una dura contradicción que hay en la derrota.
Normalmente tendemos a olvidar lo malo. Por ese motivo, dicen los psicólogos, cuando echamos la vista atrás añoramos tiempos pasados, enterramos poco a poco nuestro dolor, y recordamos las emociones y experiencias bonitas de nuestra vida. La manera en la que nuestra mente cura las heridas emocionales es el olvido.
Pero por otra parte está la puñetera frase: "aprende de las derrotas".
Las derrotas duelen. Te puedes pasar días enteros pensando en porque no hiciste la jugada ganadora (que además habías visto, pero la rechazaste por...), porque tuviste aquel descuido... Es duro repasar una y otra vez tu derrota para mejorar. Y ademas, duele, duele, duele... y puedes llegar a amargarte a hacer sufrir a tu entorno tratando de digerirla.
Cuando doy clases de ajedrez, no puedo reprochar a mis alumnos que, normalmente, no me hagan caso cuando les digo que repasen sus partidas perdidas para ver donde se han equivocado. No les gusta. Sufren (y son niños). Y, ojo, no es lo mismo que te duela perder (siempre duele), que no saber perder. Esto segundo será motivo también en un futuro no muy lejano de una entrada en este blog.
La intensidad del dolor, además, depende de lo que has dado en la competición. Si apenas te esfuerzas, duele bastante menos que si lo das todo. Por eso, muchas personas hacen como en la fábula de la zorra y las uvas. Si cuesta mucho se auto-convencen de que no vale la pena y asunto solucionado.
Por lo tanto, ¿porque martirizarse revisando un acontecimiento desagradable? ¿que podemos aprender? ¿que ganamos con ese auto-sufrimiento que nos infringimos?
Veo la repuesta en esta foto.
En 2012, tras varias durísimas derrotas frente al mismo rival, tras lesiones, frustraciones y la sensación de que su sueño estaba terminando, Rafael Nadal venció, por fin, en la final de Roland Garros a su archirrival, Djokovic. Tras vencer y revolcarse en la arena subió a abrazar a su equipo y... a su amigo Pau Gasol que se desplazó desde mas de 10.000 kilómetros de distancia para apoyarle. Veo alegría y emoción en Rafa. Pero en Gasol veo... alivio, comprensión... los que sufrimos esta contradicción por la derrota, sabemos de su sabor amargo, pero también de la inmensa alegría de la victoria y del esfuerzo en superarse uno mismo.
Dice mi mujer que esto nos pasa a los que hemos ganado alguna vez en algo, y ansiamos repetir lo que sentimos en ese momento. Es muy posible, pero este martirio de conocer los motivos de tus derrotas también puede servir para dominar nuestras emociones negativas, aislarlas de los hechos, y aprender.
Y sobre todo, nos sirve para hacernos mas fuertes. Como Pau y Rafa, dos ejemplos de como hacerlo.
Normalmente tendemos a olvidar lo malo. Por ese motivo, dicen los psicólogos, cuando echamos la vista atrás añoramos tiempos pasados, enterramos poco a poco nuestro dolor, y recordamos las emociones y experiencias bonitas de nuestra vida. La manera en la que nuestra mente cura las heridas emocionales es el olvido.
Pero por otra parte está la puñetera frase: "aprende de las derrotas".
Las derrotas duelen. Te puedes pasar días enteros pensando en porque no hiciste la jugada ganadora (que además habías visto, pero la rechazaste por...), porque tuviste aquel descuido... Es duro repasar una y otra vez tu derrota para mejorar. Y ademas, duele, duele, duele... y puedes llegar a amargarte a hacer sufrir a tu entorno tratando de digerirla.
Cuando doy clases de ajedrez, no puedo reprochar a mis alumnos que, normalmente, no me hagan caso cuando les digo que repasen sus partidas perdidas para ver donde se han equivocado. No les gusta. Sufren (y son niños). Y, ojo, no es lo mismo que te duela perder (siempre duele), que no saber perder. Esto segundo será motivo también en un futuro no muy lejano de una entrada en este blog.
La intensidad del dolor, además, depende de lo que has dado en la competición. Si apenas te esfuerzas, duele bastante menos que si lo das todo. Por eso, muchas personas hacen como en la fábula de la zorra y las uvas. Si cuesta mucho se auto-convencen de que no vale la pena y asunto solucionado.
Por lo tanto, ¿porque martirizarse revisando un acontecimiento desagradable? ¿que podemos aprender? ¿que ganamos con ese auto-sufrimiento que nos infringimos?
Veo la repuesta en esta foto.
En 2012, tras varias durísimas derrotas frente al mismo rival, tras lesiones, frustraciones y la sensación de que su sueño estaba terminando, Rafael Nadal venció, por fin, en la final de Roland Garros a su archirrival, Djokovic. Tras vencer y revolcarse en la arena subió a abrazar a su equipo y... a su amigo Pau Gasol que se desplazó desde mas de 10.000 kilómetros de distancia para apoyarle. Veo alegría y emoción en Rafa. Pero en Gasol veo... alivio, comprensión... los que sufrimos esta contradicción por la derrota, sabemos de su sabor amargo, pero también de la inmensa alegría de la victoria y del esfuerzo en superarse uno mismo.
Dice mi mujer que esto nos pasa a los que hemos ganado alguna vez en algo, y ansiamos repetir lo que sentimos en ese momento. Es muy posible, pero este martirio de conocer los motivos de tus derrotas también puede servir para dominar nuestras emociones negativas, aislarlas de los hechos, y aprender.
Y sobre todo, nos sirve para hacernos mas fuertes. Como Pau y Rafa, dos ejemplos de como hacerlo.
viernes, 10 de mayo de 2013
Activar el modo "lucha"
Nunca me lo había planteado, pero en una maravillosa conversación con Yago Gallach apareció esta frase: "¿Como activas tu modo lucha antes de una partida?"
Eramos 2 frikis hablando de una misma pasión (el ajedrez y los libros) cuando me lo preguntó. Continuamos hablando durante bastante rato (podríamos haberlo hecho días enteros), y de multitud de temas, pero esa frase la anoté mentalmente para analizarla.
Es obvio que los grandes campeones conocen la manera de activarlo. Rafa Nadal, Indurain, Fernando Alonso... y un largo etcétera. ¿Activar que? Activar esa actitud de victoria, esa fuerza interior que hace que te centres completamente en lo que quieres conseguir.
Creo que es difícil activarlo por varios motivos. El primero la comodidad (luchar cansa...), otro puede ser el miedo a luchar y a no conseguir lo que quieres. Si interiormente vas a medio gas, tienes la escusa perfecta para cuando no lo consigas. Otro mas es no tener claro lo que quieres, o si quieres realmente lo que estas intentando.
Porque, la pregunta clave es: ¿Cuanto das de ti para conseguirlo? ¿En que porcentaje te estás entregando para lograr lo que quieres? Vamos al ralentí, con la ley del mínimo esfuerzo. Y pensamos que, si lo conseguimos: maravilloso, y si no, no es porque no hayamos podido, sino porque nos reservamos (y de este modo tenemos escusa, y pensamos que lo habríamos logrado, pero que no valía la pena).
Kasparov era famoso por su espíritu de lucha, como muchos otros campeones. Cuando jugaba "fulminaba" a sus rivales con su sola mirada, y muchas partidas las ganaba incluso antes de que empezasen. Tras mi conversación con Yago, he comenzado a buscar formas de activar esa determinación, y las seguiré buscando. Para jugar al ajedrez, para conseguir lo que quiero, para lograr mis objetivos... Una de las que probé fue la música y, aunque aun sin resultados, escuchaba canciones como la que os pongo antes de empezar... la lucha. ¡¡Fight!!
Eramos 2 frikis hablando de una misma pasión (el ajedrez y los libros) cuando me lo preguntó. Continuamos hablando durante bastante rato (podríamos haberlo hecho días enteros), y de multitud de temas, pero esa frase la anoté mentalmente para analizarla.
Es obvio que los grandes campeones conocen la manera de activarlo. Rafa Nadal, Indurain, Fernando Alonso... y un largo etcétera. ¿Activar que? Activar esa actitud de victoria, esa fuerza interior que hace que te centres completamente en lo que quieres conseguir.
Creo que es difícil activarlo por varios motivos. El primero la comodidad (luchar cansa...), otro puede ser el miedo a luchar y a no conseguir lo que quieres. Si interiormente vas a medio gas, tienes la escusa perfecta para cuando no lo consigas. Otro mas es no tener claro lo que quieres, o si quieres realmente lo que estas intentando.
Porque, la pregunta clave es: ¿Cuanto das de ti para conseguirlo? ¿En que porcentaje te estás entregando para lograr lo que quieres? Vamos al ralentí, con la ley del mínimo esfuerzo. Y pensamos que, si lo conseguimos: maravilloso, y si no, no es porque no hayamos podido, sino porque nos reservamos (y de este modo tenemos escusa, y pensamos que lo habríamos logrado, pero que no valía la pena).
Kasparov era famoso por su espíritu de lucha, como muchos otros campeones. Cuando jugaba "fulminaba" a sus rivales con su sola mirada, y muchas partidas las ganaba incluso antes de que empezasen. Tras mi conversación con Yago, he comenzado a buscar formas de activar esa determinación, y las seguiré buscando. Para jugar al ajedrez, para conseguir lo que quiero, para lograr mis objetivos... Una de las que probé fue la música y, aunque aun sin resultados, escuchaba canciones como la que os pongo antes de empezar... la lucha. ¡¡Fight!!
viernes, 3 de mayo de 2013
Gente de mala calidad
Cada vez que leo un periódico se me ocurren muchos nombres. Cada vez que echamos la vista atrás aparecen fantasmas de personas que, de un modo u otro, nos han fallado y/o nos han dañado. Son personas de mala calidad...
El título de la película española del mismo nombre me atrajo desde el primer momento. La vi (con grandes expectativas que no se cumplieron) y los personajes me transmitieron esa sensación de gente de mala calidad en la que yo pensaba. No de gente malvada, no egoísta no especialmente deleznable... simplemente personas que no responden ni de lejos a las expectativas que depositamos en ellos.
Y es que la cuestión no es que las personas tengamos que ser perfectas, ni especialmente buenas... el mundo hace tiempo que descubrí que es un gran conjunto de claroscuros. Nosotros, sus habitantes, dentro de nuestro egoísmo y lucha por la supervivencia, tenemos unos principios que, mejores o peores, guían nuestros actos y pensamientos. Muchos en este planeta que habitamos, mas que principios siguen conveniencias, que traicionan con mas o menos frecuencia, y, sin sufrir mucho por el daño que hacen, buscan exclusivamente su propio y egoísta beneficio, sin pensar el daño que causan por su cara dura, por su falta de valor, por su falta de escrúpulos o por su indolencia.
Alexander Alekhine ha sido, seguramente, un ejemplo de lo que estoy hablando. Como jugador de ajedrez y campeón del mundo fue indiscutiblemente uno de los mejores. Gracias a su esfuerzo derrotó a Capablanca en 1927 cuando pocos le daban opciones, pero a partir de aquí su historia empezó seguramente a torcerse. Nunca quiso darle el desquite a Capablanca, o bien le puso condiciones imposibles para jugar o se negó. Puso en juego su título en 1929 y 1934 frente a Bogoljubob (fuerte jugador, pero no uno de los históricamente mejores), con quien sabía que era casi imposible perder. En 1935 hizo lo mismo con Euwe, solo que se confió demasiado (cuentan las crónicas que en algunas partidas llegó visiblemente bebido) y terminó perdiendo.
Dicen que cree el ladrón que todos son de su condición, y Alekhine, en las condiciones que puso para jugar con Euwe incluyó una clausula que le daba derecho a un encuentro de revancha (cosa que él nunca concedió a Capablanca). Euwe, un caballero (la clausula decía lo de la revancha, pero no cuando), no puso ningún impedimento, y el encuentro se celebró en 1937. Alekhine, que se centró de nuevo, consiguió vencer.
A partir de aquí es cuando mas se ensombrece nuestro personaje. Con el avance del nazismo, se apuntó (parece ser que no por convicción, sino por apostar por el caballo ganador) a su carro. No volvió a poner en juego su título. Fue rechazado y defenestrado por todos tras la segunda guerra mundial, quedó solo en Portugal, con la amenaza de la recién creada federación internacional de ajedrez de desposeerlo de su título, y la ilusión de un encuentro con la nueva estrella soviética Botwinnik. Murió en 1946 en Estoril. En su habitación de hotel, de una forma algo extraña, con un abrigo puesto, frente a un tablero de ajedrez. Solo.
Huyamos de la gente de mala calidad. Apartemos de nosotros a los agoreros, aduladores, falsos y traidores. La calidad no es ser perfecto; es, en la medida de lo posible, ser consecuente. Como dice el personaje de George Clooney en la película "Up in the air", cuando habla de la mochila que todos cargamos a cuestas, ¿que queremos llevar en nuestra mochila? Alejemos a esos individuos de nosotros. Y como canta U2 al principio de su temazo "All you can´t leave behind":
Dejemos atrás a la gente de mala calidad... y a vivir.
El título de la película española del mismo nombre me atrajo desde el primer momento. La vi (con grandes expectativas que no se cumplieron) y los personajes me transmitieron esa sensación de gente de mala calidad en la que yo pensaba. No de gente malvada, no egoísta no especialmente deleznable... simplemente personas que no responden ni de lejos a las expectativas que depositamos en ellos.
Y es que la cuestión no es que las personas tengamos que ser perfectas, ni especialmente buenas... el mundo hace tiempo que descubrí que es un gran conjunto de claroscuros. Nosotros, sus habitantes, dentro de nuestro egoísmo y lucha por la supervivencia, tenemos unos principios que, mejores o peores, guían nuestros actos y pensamientos. Muchos en este planeta que habitamos, mas que principios siguen conveniencias, que traicionan con mas o menos frecuencia, y, sin sufrir mucho por el daño que hacen, buscan exclusivamente su propio y egoísta beneficio, sin pensar el daño que causan por su cara dura, por su falta de valor, por su falta de escrúpulos o por su indolencia.
Alexander Alekhine ha sido, seguramente, un ejemplo de lo que estoy hablando. Como jugador de ajedrez y campeón del mundo fue indiscutiblemente uno de los mejores. Gracias a su esfuerzo derrotó a Capablanca en 1927 cuando pocos le daban opciones, pero a partir de aquí su historia empezó seguramente a torcerse. Nunca quiso darle el desquite a Capablanca, o bien le puso condiciones imposibles para jugar o se negó. Puso en juego su título en 1929 y 1934 frente a Bogoljubob (fuerte jugador, pero no uno de los históricamente mejores), con quien sabía que era casi imposible perder. En 1935 hizo lo mismo con Euwe, solo que se confió demasiado (cuentan las crónicas que en algunas partidas llegó visiblemente bebido) y terminó perdiendo.
Dicen que cree el ladrón que todos son de su condición, y Alekhine, en las condiciones que puso para jugar con Euwe incluyó una clausula que le daba derecho a un encuentro de revancha (cosa que él nunca concedió a Capablanca). Euwe, un caballero (la clausula decía lo de la revancha, pero no cuando), no puso ningún impedimento, y el encuentro se celebró en 1937. Alekhine, que se centró de nuevo, consiguió vencer.
A partir de aquí es cuando mas se ensombrece nuestro personaje. Con el avance del nazismo, se apuntó (parece ser que no por convicción, sino por apostar por el caballo ganador) a su carro. No volvió a poner en juego su título. Fue rechazado y defenestrado por todos tras la segunda guerra mundial, quedó solo en Portugal, con la amenaza de la recién creada federación internacional de ajedrez de desposeerlo de su título, y la ilusión de un encuentro con la nueva estrella soviética Botwinnik. Murió en 1946 en Estoril. En su habitación de hotel, de una forma algo extraña, con un abrigo puesto, frente a un tablero de ajedrez. Solo.
Huyamos de la gente de mala calidad. Apartemos de nosotros a los agoreros, aduladores, falsos y traidores. La calidad no es ser perfecto; es, en la medida de lo posible, ser consecuente. Como dice el personaje de George Clooney en la película "Up in the air", cuando habla de la mochila que todos cargamos a cuestas, ¿que queremos llevar en nuestra mochila? Alejemos a esos individuos de nosotros. Y como canta U2 al principio de su temazo "All you can´t leave behind":
"Y el amor (la vida digo yo) no es una cosa fácil,
el único equipaje que puedes traer,
es todo aquello que no puedes dejar atrás..."
Dejemos atrás a la gente de mala calidad... y a vivir.
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