Como le pasó a Carlos Sainz y Luis Rodríguez Moya en 1998. A 500 metros de terminar el rally de Inglaterra y de ganar su tercer mundial, el coche, con el que habían circulado miles de horas y de kilómetros, dijo que no... y perdieron. Verdaderamente mala suerte.
Después hay casos donde la suerte se busca, y se encuentra sufriendo. Hace menos de 3 días mi admirado Rafa Nadal sufrió en el tercer set del Open de Estados Unidos; con 4-4 en el set, y 1-1 en el marcador, frente a Djokovic levantó un 0-40 con su saque. Fue la clave. A partir de ahí gano el set, y en el siguiente barrió a su adversario. Buscó la suerte y la encontró...
La suerte existe. Golpes de suerte y de mala suerte todos tenemos. Hay gente que se empeña en encontrarla, y... no todos lo consiguen. Y hay personas que la merecen, pero que no la alcanzan... ¿Porqué?
Porque no aprovecharon su oportunidad, o porque no la tuvieron, o porque no la vieron... la suerte, las chances, las salidas pasan, todos buscamos trenes donde subirnos, y no siempre los tenemos, o los encontramos.
Uno de los grandes jugadores de ajedrez de la historia, y del que sus rivales decían que tenía suerte, era Miguel Tal, del que ya he hablado en este blog.
Sus contrincantes, tras perder con él trepidantes y alocadas partidas, hablaban de su gran fortuna... Decían que los engatusaba, que hacía magia... de ahí le vino su apodo "el mago de Riga". Él, respecto a la suerte, dijo:
"Si esperas que la suerte aparezca, la vida se vuelve muy aburrida"
Y creo que está en lo cierto. En la escena final de la película "Salvar al soldado Ryan", al soldado Ryan, tras las peripecias y aventuras que suceden, solo le dicen:
"Hágase usted digno de esto (la suerte de sobrevivir), merézcalo".
Veo a personas buenas a diario, gente a la que (a mi también), le vendría bien algo de suerte. Cada uno con sus anhelos y necesidades. Necesitan suerte... la merecen. Lo veo. Lo sé.
Lo que no se es si la buscan, y si el camino, como le pasaba a Miguel Tal, se les hace aburrido o se lo pasan bien. Yo prefiero lo segundo.
Ya llegará esa dichosa suerte.












